Por Nikos Voyiatzis

La imagen de arriba ha estado circulando online durante un tiempo. «El mejor sitio para esconder un cadáver es en la página 2 de resultados de Google», dice. La broma introduce precisamente la cuestión principal de este ensayo: ¿cuál es el efecto de la lista, como estructura más utilizada para presentar la información online, sobre la forma que tiene la gente de organizar y encontrar información? y ¿qué significa que la gente use listas constantemente a la hora de gestionar la información?

Escondiendo cadáveres en las listas online

La broma de la imagen plantea una cuestión más profunda. Al buscar información online, ¿realmente podemos prestar atención a resultados que quedan fuera de nuestra vista debido al orden jerárquico? ¿Somos víctimas del poder jerárquico de los resultados de búsqueda lineales? La web Digital Synopsis, de donde proviene el pantallazo, ofrece una estadística interesante:

Según el análisis de la red de anuncios online Chitika, la primera página de resultados acapara el 95% de todo el tráfico de búsqueda.

Probablemente, la mayoría de los usuarios que buscan información a través de indexadores web corporativos como Google o Bing (¿y de qué otra manera lo harían?) comparten el mismo deseo de obtener información rápida y fácilmente.

Bajo la imagen, aparece una respuesta interesante que también ha estado en circulación: «La respuesta más divertida fue ‘o en la página 1 de Bing’». Tal y como deja claro este post en Reddit, sus usuarios no consideran que la primera página de Bing esté al mismo nivel que la de Google. La información online está siendo clasificada por muchas corporaciones distintas y, como en cualquier otro mercado competitivo, la web tiene ganadores y perdedores.

Al buscar información en la web, los usuarios operan en estructuras fijas y las bases de datos y las listas muestran esta información. Las listas funcionan hoy en día como (o son parte de) interfaces de búsqueda que ofrecen información online y, por tanto, quien busca información online ha de enfrentarse a ellas constantemente. Las interfaces de búsqueda más populares consisten todas en dos módulos básicos: un campo de búsqueda y una lista de resultados. Es más, tales campos y listas tienen la misma imagen en todos los proveedores. Todos, desde los indexadores corporativos a los archivos abiertos de acceso libre, comparten un diseño de lista muy parecido. Lo que demuestra que se han tomado las mismas decisiones a propósito de cómo se navega la información que proveen.

Yo estoy interesado en la lista como una construcción cultural que afecta al acto de buscar información mediante la ejecución de un orden. Este orden puede ser numérico, cronológico, alfabético e incluso aleatorio. Aun así, yo lo veo como un concepto ideológico, que nace en la ideología de la eficiencia y la productividad, dentro de un determinado sistema económico basado en el conocimiento, que exige imponer orden en las cantidades abismales de información que nos rodean. Al no poder encontrar información en la web de otra manera, los usuarios navegan siempre dentro de listas de resultados jerárquicas. Así que están siendo influenciados por la política que la tecnología de la lista esconde.

Voy a explorar el efecto que la lista tiene en el usuario medio. Para hacerlo, lo primero que haré será establecer que la lista es una tecnología de la información y, a partir de ahí, intentaré bosquejar la transición que ha habido desde el bibliotecario tradicional al propio usuario como bibliotecario amateur; después analizaré las dimensiones políticas de la lista y su relación con el concepto moderno de archivo general para, finalmente, volver a la web y al efecto explosivo que la lista y sus interfaces han provocado.

La lista y las tecnologías de la información

Los humanos son recolectores naturales y la tecnología de la lista parece ser una herramienta significativa y útil para ello. Por un lado, es un apoyo para la memoria y provee un acceso a la información fácil y efectivo. La lista puede ser vista como una forma material de clasificación. Clasificar es el acto de organizar cosas en categorías. Sea información, mercancías, obras de arte, ideas, lo que se quiera. Sin embargo, clasificar sigue siendo un proceso mental inmaterial mientras no esté colapsado en listas.

La lista como tal es una tecnología de la información y uno de los primeros constructos que emergieron tras la tecnología de la escritura. Algunos de los primeros escritos de la humanidad fueron, de hecho, listas.

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Lista administrativa en una tableta babilonia que data del año 2370 a.C.

La lista se puede considerar como todas las demás tecnologías y medios. Nos modela y nos influye de alguna manera. Como medio se convierte en norma por repetición. La lista es una cultura en sí misma. La cultura de organizar cosas en el espacio de manera clara y estable. Y, como toda cultura, se reproduce a través de individuos, los cuales, por supuesto, encuentran bastante fácil utilizar listas para organizar sus actividades y a sí mismos. Es más, dentro de la cultura web, todos los usuarios se convierten en catalogadores e indexadores de datos, navegando o creando sus propias listas continuamente.

Del bibliotecario al indexador online de datos

Las culturas biblioteca pueden ser descritas como culturas pre-bases-de-datos porque las bibliotecas introdujeron las prácticas de recolección de información que también se usan en las bases de datos. Introdujeron el trabajo con colecciones de información y diseño de sistemas que pudieran guardar el contenido, como pasa también dentro de las bases de datos. Sin embargo, ambas culturas no gestionan la organización de la información de la misma manera. Mientras que en las clasificaciones de biblioteca las estructuras que guardan la información son adoptadas por las bibliotecas y catalogadores que las utilizan, incluido un léxico de vocabulario controlado, las clasificaciones de las bases de datos digitales u online traen una mayor variedad de sistemas de indexación. El papel del catalogador profesional se expande al usuario general de internet, quien opera ahora como un indexador de datos amateur y gestor de colecciones. Los usuarios no sólo hacen colecciones en su escritorio offline o clasifican y asignan metadatos a elementos que han encontrado en la web, también crean colecciones online dentro de redes como Pinterest, Flickr, Facebook, etc.

Es más, desde que existe la folksonomía –práctica de etiquetar usuarios– se han introducido grandes cantidades de subjetividad en la práctica más amplia de la catalogación de información online, muchas veces fuera de los léxicos controlados. La bibliotecaria y crítica Emily Drabinsky escribe en su ensayo Teaching the Radical Catalogue, cómo los léxicos controlados con thesauri de términos son asignados a los objetos de conocimiento: «cada elemento en una biblioteca será colocado en una división por temas y asignado un témrino controlado; nada se queda fuera del sistema». Los vocabularios controlados representan valores dados fijos. Así que el documentalista no puede realizar elecciones subjetivas sobre los elementos de una colección, mientras que el usuario online sí puede describir o etiquetar imágenes sin utilizar una guía de términos. En este resultado de búsqueda aleatorio de Google que muestra una imagen alojada en Flickr, la imagen del pájaro pertenee a un par de colecciones diferentes, tiene metadatos (etiquetas temáticas) asignadas por el usuario, y, por supuesto, comentarios de otros usuarios abajo.

Al contrario que los documentalistas que operan dentro de sistemas de categorías y vocabularios controlados, los usuarios pueden afectar al contenido online con sus intervenciones subjetivas. El lenguaje que pueden utilizar es más amplio y parece más libre. Es más, los usuarios pueden crear sus propias colecciones clasificadas de distintas maneras personalizadas. Pero ¿por qué es la forma persistente de la lista, tal y como la conocemos, la expresión estética dominante en la clasificación?

Se accede a la información online dentro de estructuras que son reguladas por sistemas estandarizados y principios de clasificación globales. Aunque los usuarios pueden crear sus proias colecciones temáticas, el espacio en el que las construyen consiste en sistemas operativos estandarizados o sitios web estandarizados. Además, los usuarios acceden a esta informaión a través del mismo tipo de listas homogéneas, sea a través de buscadores o a través de catálogos online. Así que vemos que pasa algo extraño: los usuarios pueden ordenar sus datos de manera distinta y más variada que los documentalistas. Pero, por una parte, recopilan su información en listas con un formato espacial fijo y, por otra, la mayoría de veces reproducen este formato espacial fijo por sí mismos, probablemente porque están familiariados con su homogeneidad. Mediante la repetición, la estructura pasa a formar parte de la cultura; se convierte en la norma. Por encima de eso, los usuarios como documentalistas o indexadores de datos operan en un nivel secundario, lo que significa que el contenido web que encuentran ya ha sido clasificado previamente, y que lo que pueden añadir a eso tiene que seguir los principios dados por el contenido del servidor. El contenido puede verse afectado, pero las estructuras clasificatorias son sólidas y fijas.

¿Quién clasifica en el archivo general?

Hay un asunto crítico con la clasificiación que tiene que ver con el poder y con el control: ¿quién está ejerciendo la clasificación? Aparte de fijarnos en el organizador –sea profesional o amateur– es interesante ver quién crea los sistemas de clasificación. Por mi experiencia, un documentalista nunca tiene la oportunidad de crear su propio sistema, siempre tiene que seguir los sistemas estandar que la biblioteca haya adoptado. Los documentalistas son los soldados del gestor de contenidos seleccionado y las listas son sus bayonetas.

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Otto Neuraths’ Isotype Units, 2015

En el mundo occidental, las bibliotecas y archivos tienen dos sistemas principales de clasificación documental que han sido usados y adoptados por la mayoría de instituciones. El sistema de clasificación más popular es la Clasificación Decimal Dewey. Fue inventado por el documentalista, educador y empresario americano Melvin Dewey, en 1876. Después vendría el UDC o Clasificación Decimal Universal, publicado hacia 1907 por el científico de la información y documentalista belga, también empresario, Paul Otlet. Ambos sistemas se basan en una estructrua fija de categorías básicas que, a su vez, está subdividida en más subcategorías. Dentro de esta estructura los elementos debieran estar clasificados y descritos mediante sistemas numéricos que indican su categoría y su lugar específico dentro de ella.

Las categorías son clases, entes distintivos, enormes y estables. Cada (nuevo) concepto encaja dentro de ellas como un término más acotado; así que adoptar nuevo conocimiento significa siempre acotar más las categorías existentes, pero rara vez se crean nuevas categorías. De todas maneras, UDC expresa un modelo diferente: en el diseño de este sistema se incorporan enlaces semánticos. UDC enfatiza las interconexiones semánticas de los elementos, mediante un sistema numérico distinto que usa símbolos como +, a partir del álgebra, para indicar dos campos distintos a los que el elemento pueda ser asignado. Es importante hacer notar aquí que DDC se usa más ampliamente que el UDC.

UDC y DDC fueron diseñados gracias al esfuerzo personal y las visiones de estos individuos que se imaginaron sistemas organizacionales. Tanto Otlet como Dewey fueron apasionados de su disciplina y visionarios. Pero, ¿en qué tipo de entorno trabajaban? Los dos habían estado muy interesados en el mundo de la información compleja y en su organización. Habían tratado con la ciencia de la información incluso antes de su conceptualización como ciencia relacionada con la cibernética, el control y la comunicación. También estuvieron los dos involucrados con los negocios, y ambos comercializaron sus fichas de catalogación y sistemas. Compartían una visión de estandarización y de globalización. Sus visiones eran principalmente sociales, imaginándose sistemas organizativos de la información que promocionarían la comunicación, el conocimiento y la paz. Parece que ellos creyeron que el mundo se convertiría en un territorio de complejidad informativa mientras que el poder convergería con el conocimiento.

Paul Otlet, en particular, hablaba sobre un ‘libro colectivo’, un ‘libro univeral del conocimiento’. Estableció la Oficina Internacional Bibliográfica en 1895, junto con Henri La Fontaine, una oficina cuyo objetivo era crear una biblioteca universal, el Mundaneum, donde el sistema de clasificación de Paul Otlet, UDC, sería aplicado. El Palais Mondial, que más tarde iba a convertirse en Mundanem, abrió en 1920. La institución fue establecida primero en la ciudad de Bruselas. Se accedía a su vasta colección mediante un sistema de fichas catalogadas por temas.

Otra figura importante del mismo periodo es el filósofo, sociólogo y economista político Otto Neurath. COmprendió la importancia del lenguaje gráfico, de manera similar. Donde Otlet y Dewey crearon una visión de la proto-base de datos, una estructura que agruparía una gran cantidad de información universal, Neurath propuso métodos de visualización de la información. Junto al ilustrador Gernt Arnzt y su futura esposa Marie Reidemester, diseñaron el proyecto Isotype. El International System Of TYpografic Picture Education contenía 4000 símbolos diseñados por Arntz, que representaban los conceptos clave de los campos de la industria, la política, la demografía y la economía, tal y como se explica en el archivo web de Arnzt. Otto Neurath se centró en las personas sin educación y quería facilitarles la comprensión de datos complejos, como escribe Franz Hartmann en Visualizing Social Facts. En otras palabras, Neurath y sus colegas soañaban con un sistema universal de intercambio de información, al igual que soñaron Otlet y Dewey. Pero, a diferencia de los otros dos, Neurath se distanció de las normas alfabéticas, reconociendo que los analfabetos quedaban por defecto excluidos del poder del conocimiento.

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Hay que tener en cuenta todas estas ideas cuando intentemos describir la ideología que hay detrás de los actuales sistemas de clasificación, porque se trataba de visiones pertenecientes a una sociedad previa a la web. La necesidad de un lenguaje universal parece haber estado siemrpe presente en las ideas de los visionarios de la organización. Y un lenguaje universal (sea un sistema de clasificación o un sistema de señalización de museos o un método de ilustración de libros) solo puede ser construido mediante estandarización e institucionalización. Las listas que materializan los sistemas de clasificación pueden ser vistas como guardianas de un lenguaje universal y de la institucionalización del pensamiento, son medios que fuerzan a la sistematización y al pensameinto a expresarse mediante estandares de selección por plantillas.

La lista y la web

La infomación web está clasificada según estándares que actualmente no solo están definidos por visionarios o instituciones de conocimiento, sino por corporaciones globales, en particular los gigantes online. Y sobre todo, estas corporaciones afectan al proceso de recolección de información al añadir sus filtros algorítmicos, que personalizan el contenido basado en la historia, la posición geográfica y la identidad.

El hecho de que empresas como Google sean los clasificadores con mayúsculas, junto con la naturaleza clasificatoria de la web, sugiere que la web depende de su burocratización y estandarización y que es un medio normativizado a través de sus clasificaciones estandarizadas. Al clasificar el mundo y las identidades, los está normativizando. Sí, también la identidad, el yo, ya que no solo encontramos información sobre el mundo en la web sino que subimos o enviamos constantemente información sobre nosostros mismos. Un buen ejemplo es el perfil de usuario. Sea en un sistema operativo o en una red social, los perfiles son creados mediante listas que materializan los principios clasificatorios de los proveedores. Ya no es sólo el estado, como en el mundo que describió Foucault, el que está envuelto en la construcción biopolítica de un individuo determinado. La corporación online se constitutye como normativizador extra, siendo proveedor de contenido y proveedor de estructuras mediante las cuales el usuario accede y visualiza ese contenido. Las compañías online no sólo deciden lo que vemos sino cómo lo vemos.

Los usuarios de internet recopilan su información dentro de colecciones ya clasificadas. El uso sistemático de indexadores web, compañías que indexan el contenido de la web y la ofrecen ya clasificada a los usuarios, implica también que buscamos y recopilamos dentro de contenido indexado y estructuras clasificadas que reflejan, por ejemplo, las decisones de Google en cuanto a organización de la información. Como explicó Stuart Hall, los sistemas de clasificación que los ciudadanos utilizan en una sociedad son aprendidos. Son medios de aprendizaje foucaldianos.

En nuestras sociedades de información avanzada no sólo aprendemos sistemas de clasificación éticos, sociales o educativos. Estos sistemas emanan principalmente de los grandes sistemas de creencias, religiones, políticas y culturas, la comunidad o las instituciones de conocimiento. En el mundo online, los sistemas de clasificación emanan principalmente de los gigantes online, es decir de corporaciones. Estos sistemas están imbuidos con ideas de uso productivo, fácil, eficiente y rápido de la información. Es importante tener en mente que estas listas en las que operamos mientras buscamos información online están ahí precisamente para transformar la experiencia de búsqueda en algo productivo y rápido, y no en algo ambiguo.

Tal y como el investigador Liam Young (2015) observa en su ensayo On Lists and Networks: An Archaelogy of Form, la lista es una red y puede facilitar la conexión en red. Es un modelo fundamental de red porque agrupa elementos pero también provoca interrelaciones mediante acción programada. Mirando atrás a los comienzos de la web, lo que encuentro interesante en la declaración de Young es que me recuerda a este documento titulado ‘HTML: A Representation of the Textual Information and Meta Information for Retrieval and Interchange’, escrito por Tim Berners Lee y Daniel Connolly en 1993. Muestra que la lista no solo existe en la interfaz de la web que usan los usuarios sino que es un elemento estructural de internet, porque está incrustado dentro de los lenguajes de programación. Parte del documento define el papel que tiene en el HTML el diseño de la lista:

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El elemento de la lista (LI) y su expresión particular como ordenada (OL), desordenada (UL), MENU o DIR, son parte de la sintaxis del HTML. Esto es importante porque muestra no sólo la significación de la lista como forma de diseño de la web a través de una perspectiva arqueológica sino que también revela su naturaleza sintáctica, que es clasificatoria. Como se documenta en la imagen, en HTML ¡también hay listas sin ordenar! Por supuesto, desordenado aquí representa algo no clasificado bajo un número sino bajo un signo o símbolo. Adicionalmente, la etiqueta de lista abierta […] «debe estar seguida inmediatamente por el primer elemento de la lista». El concepto de organización jerárquica está por ello implícito dentro del diseño web.

Alison Adam ha escrito también sobre listas desde una perspectiva computacional. Su ensayo ‘Listas’ –parte de Software Studies: A Lexicon, editado por Matthew Fuller– hace referencia a dos tipos especiales de listas, colas y montones. Las colas utilizan la lógica de procesar los primeros elementos enumerados primero, mientras que las pilas hacen lo contrario: empiezan procesando el último elemento de la lista. Adam observa que el enfoque pila no es tan común en nuestra cultura y cita el ejemplo de la gente que espera en la cola del autobús: los primeros de la cola suben primero o, al menos, así es como se hace en esta cultura.

Lo que Adam pretende enfatizar es que en nuestra cultura la noción de clasificación jerárquica está muy marcada. Por supuesto esto es algo que se puede observar en las listas de resultados a una pregunta en el buscador. ¿Quién va a fijarse en el último elemento de la lista? La gente empieza por el primero y esto no puede ser evitado en la cultura de la lista: los primeros de la lista están más arriba en la jerarquía, son más importantes, más relevantes.

Si vivimos en un mundo de información, la web es la parte del mundo donde se ordena toda la información. Las listas imponen un orden como una función por defecto, un constructo ideológico que gestiona el diseño web y apoya no solo las jerarquías sino la mercantilización de la información.

La lista y la interfaz (del buscador)

El estudio de la historia de algunos indexadores web, posible mediante la máquina Wayback, revela algunos asuntos interesantes que subrayan las transformaciones de sus interfaces. Los siguientes pantallazos documentan la emergencia de los buscadores de Yahoo y Altavista en 1996, seguidos por Google un par de años más tarde.

Como se puede ver, las interfaces de búsqueda de Yahoo y Altavista no siguen el modelo dominante actual, la búsqueda sencilla (y básica) de Google. Incluso Google mismo ha estado ofreciendo listas junto con el campo de búsqueda. En algunos casos parece que han exagerado un poco, como cuando proclamaban que estaban organizando toda la web por temas:

Progresivamente, la página de inicio del buscador de Google se convirtió en una página blanca sencilla con un campo de búsqueda vacío, como es ahora. Incluso la lista de categorías desaparece. La única lista que permanece es la de resultados.

En general, las interfaces de búsqueda se movieron hacia un modelo en el que el lenguaje natural es sustituido por una etiqueta en la que está basada la búsqueda. La guía online de Google documenta esto perfectamente, cuando expresa su consejo  número 3: «Elige las palabras con atención: cuando estés decidiendo las palabras que vas a poner en el campo de búsquesa, intenta elegir las que se supone que van a aparecer en la página que está buscando. Por ejemplo, en vez de decir “me duele la cabeza”, escribe “dolor de cabeza”, porque tal es la palabra que una web de medicina utilizaría». Así que no se anima a los usuarios a construir preguntas descriptivas, como las que le preguntarían a un bibliotecario. En su lugar, son empujados a encontrar una ‘etiqueta’, una palabra que pueda incluir el mejor significado posible de su pregunta en cuestión.

Pero, ¿qué dice esto sobre el uso del lenguaje y sus connotaciones universales? En El orden de las cosas, Foucault nos recuerda que el alfabeto reordenó el orden del universo mediante la secuencia espacial de las letras. El alfabeto se convirtió en la versión más abstracta de las culturas basadas en el texto, al ordenar espacialmente las cosas en una posición fija. El proceso de pensamiento basado en la etiqueta y de escribir así, como se describe arriba, parece que promueve una abstracción todavía mayor. Los usuarios necesitan comunicarse con las máquinas, y las máquinas tienen que comunicarse entre sí en los procesos de la comunicación online. Continúa la tradición de la abstracción que constituye la historia de la escritura. El alfabeto mismo incluso se convierte más en una especie de diccionario con palabras clave que representan conceptos de la manera más sencilla posible. El alfabeto en ese sentido es una extensión del concepto de lista. Es una plantilla, un estandar. Por lo que, de una parte, la folksonomía en la web parece traer subjetividad al primer plano pero, por otra, la etiqueta devuelve esa subjetividad hacia la abstracción.

La mayor contribución de Google a esta abstracción universal fue que simplificó su buscador todo lo que pudo. ‘Busca en la web con Google’ es el lema que aparece bajo el campo de búsqueda. Esto es lo que provoca el malentendido popular de que el contenido encontrado en Google es la web y que los resultados son parte de la web que Google indexa. Los indexadores web clasifican el contenido y los usuarios lo buscan. La página de resultados es el listado de contenido clasificado. De tal manera que las corporaciones como Google se han convertido en los clasificadores por antonomasia.

Volviendo a la idea de jerarquía (social) sobre la que escribió Alison Adam y expandiéndolo a las listas que usamos para acceder a la información online, podemos ver cómo la recuperación de información basada en estructuras jerárquicas es la principal característica de las empresas dedicadas a la búsqueda online. Por el contrario, en el Internet Archive, que es una institución de conocimiento sin ánimo de lucro, los resultados no aparecen ordenados jerárquicamente en el sentido de ránking. Aún así, la manera de ordenarlos no puede pasarse por alto. Está incrustada dentro de la cultura de la lista, una cultura que ordena a partir de jerarquías, de semántica e incluso de aleatoriedad.

Pensando sobre la lista y la interfaz me doy cuenta de que la lista es una interfaz. Una interfaz prototípica de colecciones, un catálogo para acceder a contenido clasificado, el catálogo online de una biblioteca. Pero también la interfaz de la web está construida con una multiplicidad de listas en todos los niveles, de atrás hacia delante.

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Si la lista es una interfaz, y también constituye interfaces por sí misma, es importante comprender qué son las interfaces o cómo podemos criticarlas. Quiero introduir en la discusión a SørenPold y a Christian Ulrik Andersen. Estos autores han estado trabajando sobre la crítica cultural y estética de las interfaces. En su Manifiesto para una Crítica de la Interfaz Post-Digital (2014) remarcan algunas de las cualidades esenciales que ellos encuentran en las interfaces.

Lo primero que declaran es que

«la interfaz es un constructo ideológico».

Tal y como escriben: «…refleja un equilibrio de sumisión y control. Este equilibrio suele estar condicionado por la ideología. En algunas ocasiones el usuario es seducido para interactuar sin negociar esta relación». Tal y como dicen los autores, las interfaces reflejan poder y control, que en el caso de estas listas es el poder de los que crean clasificaciones y de la ideología que subyace a sus visiones.

Las interfaces de búsqueda y sus listas de resultados son diseños ideológicos que incrustan a los usuarios en la noción capitalista de las sociedades de la información avanzadas. Obligan a una cultura de productividad extra, porque están ahí para recuperar la información de manera extremadamente rápida y reconocible. Apoyan la cultura del uso efectivo de la información mercantilizada porque no permiten que se desarrolle un sentimiento de caza de la información ni lúdico Y, principalmente, fuerzan el orden como ideología. Una actitud y una manera de pensar que preserva la idea de conocimiento e incluso del ser ordenado. De estar bajo control. De ser claro. De no ser impreciso. Pensando en listas, y enumerando incluso las cosas que no pueden ser enumeradas.

Como advierten los autores, demasiadas veces se nos seduce para que usemos listas sin ni siquiera considerar estos puntos. Esto se acerca a la verdadera definición de ideología como dictado subyacente que funciona en un nivel que la gente no entiende ni siente ni considera realmente –funciona casi automáticamente como un guión. Llevamos a cabo búsquedas web sin ser conscientes de que nuestras experiencias informativas están sujetas al capitalismo de la información. Operando dentro de un bucle que fuerza la visión de la web como un lugar principalmente para la mercantilización de información rápida y eficiente. Pero la web podría ser un campo de juegos de información, un espacio online ambiguo con posibilidades inesperadas.

The second point of the interface criticism of Pold and Andersen is that ‘the mechanisms of the interface constitute the sensible’.  To them “’this coinciding registering and representation takes place at all levels of the interface. The multimedia as cybernetic mechanisms constitute the sensible (even beyond the human)– i.e. the way we sense, what we sense, and how we act upon this.’ Lists of results rule our information experience online. They manage to construct what is around us, what we perceive as our realities. The qualities engaged with the alphabetical list are embedded within this experience. The notions of a globalized, standardized looping reality are expressed in the visual characteristics of the list of search results. The sensible is becoming globalized and unified. The sensual is the same for every online user.

El segundo punto en la crítica de la interfaz de Pold y Andersen es que «los mecanismos de la interfaz constituyen lo perceptivo». Para ellos «este registro coincidente y representación tiene lugar en todos los niveles de la interfaz. El multimedia como mecanismo cibernético constituye lo perceptivo (incluso más allá de lo humano) por ejemplo en la manera en la que percibimos, lo que percibimos y cómo actuamos al respecto». Las listas de resultados gestionan nuestra experiencia de la información online. Se las arreglan para construir lo que nos rodea, lo que percibimos como nuestras realidades. Las cualidades comprometidas dentro de la lista alfabética están incrustadas en esta experiencia. Las nociones de una realidad bucle globalizada y estandarizada se expresan en las características visuales de la lista de resultados de búsqueda. Se está globalizando y homogeneizando la percepción. La sensualidad es la misma para todos los usuarios online.

Experiencia online plana

Se crea una determinada percepción del espacio, constituida por la manera en que uno navega dentro de la lista pero también por sus características formales.

Mirando el modelo de la lista en el espacio online y particularmente las listas de resultados de búsqueda, como en los archivos online y las bibliotecas o indexadores web, lo enfoco como una expresión de una experiencia online plana. Estas listas son visualmente idénticas y parecen burocráticas, por lo que reducen una posible experienica online interesante y la convierten en una muy anodina. Plano ha de entenderse aquí como aburrido pero también como una experiencia en la que el sentido espacial está ausente. La navegación por la lista de resultados de búsqueda es muy simple: vas arriba y abajo, a la página siguiente o anterior, y seleccionas elementos.

Loas resultados se presentan en la forma de lista más simple, básica y fundamental. Construida por líneas finas, posiblemente negras o grises, las cuales, gestionando el espacio libre, se constituye en cajas que guardan palabras dentro.  Mantienen las cosas en su sitio, donde deben estar. Las líneas crean una retícula que es la forma más visual que la lista puede adoptar. Estas líneas pueden estar incluso ausentes. Pero todavía están ahí como líneas imaginarias

Además, los resultados son estáticos, nada se mueve excepto nuestros ojos y mano con el ratón, mientras vamos de arriba abajo y otra vez arriba y de página en página, de izquierda a derecha o al revés. El fondo no se mueve así como las cajas no se mueven, todo se queda en su sitio. Las palabras por supuesto no se mueven, son lo que debe permanecer en primer lugar.

No hay profundidad, El fondo y la superficie son ambos módulos muy bidimensionales, uno encima del otro. Para mí, esta planicie del fondo y de los elementos, junto con la estructura estática es lo que constituye precisamente la experiencia online plana. La totalidad de nuestros sentidos queda excluida de alguna manera. Sin sonidos ni movimiento.

Y, adicionalmente, esta planicie destruye el sentido espacial; hay que navegar linealmente y jerárquicamente en una sola superficie. La lista de resultados de búqueda se las arregla para mantener una experiencia no espacial para la persona. Las páginas de resultados son espacios informativos que son tratados en esta tradición de estandarización y burocracia con todas sus implicaciones políticas y posicionamientos. Nos fuerza a mirar cualquier contenido homogéneamente.

¿Es el mundo de la información un espacio donde sólo queremos ser productivos, efectivos, ir, cliquear, encontrar, usar? ¿O podemos ver Internet como un espacio real construido de y para la información? Una lista impresa, debida a la materialidad de su tecnología, no puede proveer el sentido de profunddad. Sin embargo, la lista online está diseñada dentro de un entorno que hace posible la manifestación de espacio, con características que consistirían en una experiencia sensual y espacial.

El por qué esto no pasa con la búsqueda online de resultados debiera ser entendido también a través de la historia del espacio electrónico 3D hacia el espacio online 3D y las razones por las que nunca se convirtieron en modelos de diseño de espacio dominantes, aunque emergieron en los primeros 90. El trabajo de Muriel Cooper y del taller de Lenguaje Visible en los Paisajes Informativos del MIT, en 1994, fue una contribución significativa para pensar las posibilidades de medios electrónicos, información y espacio.

El trabajo de Cooper, una demo con propuestas de visualización de datos, presentado en un espacio textual tridimensional de tipografía, mientras investigaba sobre las posibilidades de la interactividad y la animación. Mientras los creadores traen los elementos del zoom infinito, la transparencia y los datos en tiempo real, el usuario navegaría en un espacio totalmente tridimensional, cambiando su posición según sus deseos. Traigo a colación este ejemplo para explicar que las ideas relativas a experiencias informativas más ricas e interesante no son nuevas. Todavía la productividad y estandarización de la información no permiten experiencias profundas y lúdicas con la información, En Paisajes Informativos el espacio era solo textual pero las posibilidades de navegación transformaron la noción de espacio lista en algo mucho más interesante. Como David Reinfurt escribe, el diseño se enfocó en crear conexiones y construir significado. En otras palabras, la manera en que estaba organizada la información no trataba de aclarar o sinplificar en exceso sino de fomentar las asociaciones subjetivas.

La experiencia plana online no fomenta las conexiones porque la estructura fija espacial de la lista asigna sus propias relaciones estáticas. Además, tal planicie reduce incluso las posibilidades de aprendizaje o de pensar cosas nuevas. Me parece que enfoques como los de Cooper no se hicieron populares debido a motivos de eficiencia.  De un lado, los enfoques 3D en l aweb habrían sido muy difíciles de implementar con las viejas conexiones módem. Las herramientas tampoco eran fácilmente accesibles para una audiencia más amplia que probablemente no tenía un ordenador en casa. Habría consumido mucho tiempo. Adicionalmente, la info online es muy corporativa, siendo principalmente una mercancía. Las estructuras que la mantienen apoyan los fines de los Clasificadores. La sencilla forma de la lista materializa y garantiza la mercantilización de la información.

Actualmente, después de décadas de experiencias online planas, parece que las herramientas para un nuevo enfoque en la organización de la información son accesibles, el contenido está ahí, y todavía insisitmos en la lista nomarlizada para ver u ordenar la información. Siendo parte de una comunidad de artistas que trabajan con el contexto red, he sido testigo y he disfrutado la práctica de muchos creativos que no son científicos de la computación pero que se han formado a sí mismos como diseñadores web. El hecho de que muchos de ellos utilicen lenguajes de programación para crear obra online muestra que se puede adquirir mucho conocimiento online en ese campo. Los usuarios todavía puden enfocar el contenido y la estructura a su manera, simplemente no se les ha formado para ello. Es más, la web está llena de contenido, no sólo mediante indexadores web sino en archivos online, bibliotecas y otros repositorios. Todos los elementos están ahí para crear nuevos paisajes informativos, y me parece que no lo hacemos principalmente porque, como usuarios de internet, operamos bajo el poder de al repetición.

En general, buscar información en la web queda dominado por principios de simplificación excesiva, productividad extra, eficiencia y claridad para un uso fácil. Estos métodos han estado transformando nuestras experiencias informativas potenciales en experiencias de consumo de primer orden. La lista de resultados como expresión principal de estos principios ha reducido la abundancia de la experiencia online. Destruyendo las posibilidades de asociación ambigua, formación de opiniones hiper subjetivas y no permite experiencias de serendipia, han aplanado el espacio online y por tanto la identidad del sujeto online. Los resultados de búsqueda podrían estar expuestos de una manera más lúdica que enfatizar la recolección de información online, no como seleccionar elementos de una lista sino como la exploración de un mundo de posibilidades. Toneladas de material digitalizado de museos, bibliotecas y archivos están disponibles online tras décadas de digitalización, ofreciendo el material ideal para diseñar experiencias informativas online exploratorias y profundas.

¿Estamos a tiempo de ver Internet como un espacio? ¿De oponernos a los efectos de la lista? ¿De rebelarnos contra las experiencias planas online? ¿Es lo que queremos? Creo que sí.


Nikos Voyiatzis explora la organización de la información en sus dimensiones estéticas y políticas, particularmente dentro del contexto red. Ha estudiado Biblioteconomía en el Instituto Tecnológico de Atenas y Diseño de Medios y Comunicación en Red en el Piet Zwart Institute de Rotterdam. Trabaja como bibliotecario de arte, instructor de alfabetización informativa y diseño de programas educativos. Escribe sobre bases de datos, perfiles de usuarios y listas y participa en exposiciones y eventos culturales, tanto online como offline.


Publicado en inglés en Longform del Institute of Network Cultures de Amsterdam, el 6 de noviembre de 2015. Traducción de Ivory W.

Bajo Licencia Creative Commons 4.0 Atribución-No Comercial-Compartir Igual

ccbig

Notas:

  1. Adam, Alison. ‘Lists’. Software Studies: Lexicon. MIT Press, 2008
  2. Berners Lee, Tim and Connolly, David. ‘Hypertext Markup Language (HTML): A Representation of Textual Information and Meta Information
    For Retrieval And Interchange’. 1993
    http://www.w3.org/MarkUp/draft-ietf-iiir-html-01.txt
  3. Drabinsky, Emily. ‘Teaching the radical catalogue’. In Radical cataloging: essays at the front, 185-205, 2012
  4. Gerd Arntz Webarchive. http://www.gerdarntz.org/
  5. Hartmann, Frank. ‘Visualizing Social Facts: Otto Neurath’s ISOTYPE Project’. European Modernism and the Information Society, 2008
  6. Foucault, Michel. The Order of Things. Tavistock Publications. 1966
  7. Hall, Stuart. ‘Representation and the Media’. Lecture. 1997
    https://www.youtube.com/watch?v=6sbYyw1mPdQ
  8. Young, Liam Cole. ‘On Lists and Networks: An Archaeology of Form’. Amodern, 2015
    http://amodern.net/article/on-lists-and-networks/
  9. Pold, Soren and Andersen, Christian Ulrik. ‘Manifesto For a Post-Digital Interface Criticism’. 2014
  10. Reinfurt, David. ‘This Stands as a Sketch for the future’. Muriel Cooper And The Visible Language Workshop. Dexter Sinister, 2007
  11. Senellart, Michel (ed.). Michel Foucault: ‘The Birth of biopolitics : Lectures at the College De France’, 1978-79.  Palgrave Macmillan, 2008
  12. How to search on Google.
    htps://support.google.com/websearch/answer/134479?hl=en
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