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El blockchain es un software de encriptación distribuido que colapsa la función de onda del famoso medio es el mensaje macluhiano: el medio y el mensaje son lo mismo, lo que hace emerger un nuevo espacio de posibilidad, a propósito de la organización de la sociedad. El blockchain es un ejemplo de estructura algorítmica que promete un modelo descentralizado, capaz de superar las jerarquías de poder, imaginando radicalmente nuevos proyectos y espacios de autonomía.

Las criptomonedas como bitcoin, están basadas en este sistema de bloques estructurados en cadena. Cuando se realiza una transacción entre emisor y receptor, o sea, entre pares –peer to peer– queda almacenada en un bloque, y un algoritmo criptográfico la certifica, generando una firma que protege su validez, mientras toda la cadena de bloques –blockchain– registra la nueva información. Se trata de un sistema de consenso distribuido, protegido y privado. Los usuarios almacenan una copia del blockchain y realizan actualizaciones periódicas para sincronizar la última versión de la base de datos. Cada usuario puede verificar los balances de otros usuarios, el orden de las transacciones y la información que se ha incluido en ellas, lo que elimina la necesidad de delegar el almacenamiento y gestión de datos en entidades o instituciones centralizadas. El sistema no puede ser más robusto, puesto que todos los pares tienen almacenados todos los datos, sin que puedan ser alterados o censurados.

Revolución de abajo arriba

Según la filósofa futurista Melanie Swan, directora del Instituto para el Estudio Blockchain, la primera ola de Internet ha estado basada en la  transferencia de información pero, a partir de ahora, lo importante va a ser la transferencia de valor. Y toda interacción humana que necesite transferir valor, ya sea dinero, capital, acciones o contratos, va a poder ser realizada con blockchains, sin que se requiera una autoridad central o intermediarios. La ejecución es fácil, barata, rápida, segura y auditable. De hecho, «todo el dinero y capitales a nivel mundial podrían estar registrados en bloques», sugiere Swan; «y los documentos con copyright o sujetos a propiedad intelectual, podrían certificarse mediante la firma digital del blockchain, sin necesidad de publicar su contenido». Otros proyectos quieren explorar las posibilidades que ofrece la criptografía para la gobernancia y las instituciones públicas, imaginando, por ejemplo, nuevos sistemas de voto para que los ciudadanos puedan participar de manera más frecuente y proactiva en las decisiones políticas, mediante un sistema auditable, privado y de confianza que eliminaría cualquier sospecha de manipulación electoral.

Los avances en tecnologías biosintéticas, la impresión en 3D, el aprendizaje profundo de la Inteligencia Artificial y la Realidad Virtual, son asombrosos para su contexto específico. Sin embargo, el blockchain presenta una capacidad de revolución estructural tan perturbadora que puede llegar a revolucionar el sistema de abajo arriba.

Si la revolución es positiva o negativa, dependerá de la actitud y motivaciones humanas, para variar, ya que la tecnología subyacente es, en el mejor de los casos, ambigua. Como siempre, dependerá de quién se apropie de ella… Lo que el blockchain permite son posibilidades de acción y, lo que es más importante, nuevas responsabilidades. Permite que, ciudadanos con conciencia algorítmica, se expandan y maduren en nuevos dominios de experiencia. En un giro que podría denominarse criptocopernicano, de repente se hace posible cambiar la fuente de autoridad institucional externa para que emane de la autonomía y libertad de los individuos. Es precisamente la Ilustración que soñaba Kant pero con el añadido de que, más allá del conocimiento, promete nuevos modelos de economía y gobierno gracias a una relación distribuida, agregada y empoderada con la tecnología.

Autonomía virtual 2.0

Desde el punto de vista del poder es, obviamente, una amenaza, si no puede ser controlado de arriba abajo. De hecho, la criptografía solía estar clasificada como secreta, e incluso como tráfico de armas… Los creadores de la iniciativa Bitcoin sabían lo importante que era permanecer en el anonimato y firmaron su propuesta con un avatar llamado Satoshi Nakamoto. Bitcoin sacude uno de los cimientos del poder estatal: el control de los medios de interacción económica y el monopolio del sistema monetario. Hasta la fecha, la capitalización de esta criptomoneda ha alcanzado ya los $6000 millones.

A principios de 2016, se publicó la versión completa de un nuevo software basado en blockchain, con la intención de evolucionar bitcoin, en lo que algunos consideran su versión 2.0. Dentro de la comunidad de desarrollo del software de bitcoin se desató una batalla por discrepancias irreconciliables que llegó a ralentizar las transacciones. Algunos hackers decidieron buscar alternativas, como Vitalik Buterin, que había sido fundador de la Bitcoin Magazine en 2011 y que, en 2013, empezó a diseñar una nueva plataforma, Ethereum, y una nueva moneda virtual, el ether. También está basado en un blockchain que registra públicamente cada transacción, pero quiere ir más allá para convertirse en un mercado virtual y en un emisor de contratos inteligentes.

Por alguna razón, Ethereum ya no levanta las suspicacias que han rodeado a Bitcoin desde que fue puesto en circulación en 2008 y se intentó descreditar el protocolo, vinculándolo con el crimen organizado, que opera en bitcoins desde los sótanos de la Red. Pues IBM ha dicho que está experimentando con el protocolo Ethereum como manera de controlar objetos del mundo real en la, así llamada, Internet de las Cosas; Microsoft está facilitando el uso de Ethereum en su nube; y, nada más y nada menos que JPMorgan ha creado una herramienta específica para permitir que sus bases de datos internas puedan interactuar con la red blockchain de Ethereum. Algunos inversores están adquiriendo ethers de manera significatica y, en los últimos tres meses, los han revalorizado en más de un 1000%. A principios de año, un ether equivalía a $1 y ahora está en $12, por lo que todo el valor existente hasta ahora en ethers asciende a $1000 millones.

El descubrimiento tecnológico del milenio

Ethereum se describe como una infraestructura descentralizada, global, compartida, muy potente, en la que se puede intercambiar valor, o certificar al propietario de algo. El desarrollo de dapps (apps descentralizadas) está en manos de cualquiera que quiera ser etéreo, en plan comunidad de hackers que mejoran el código abierto del software e inventan nuevos usos. Parece ser que el proyecto fue puesto en marcha mediante crowdfunding y ahora ya es una Fundación dedicada a educar y promocionar el blockchain y sus posibilidades.

Lo más sencillo que proponen es el billetero virtual con dinero inteligente, como llaman a sus monedas. Lo demás son tecnotopías de todo tipo, desde la creación de un banco central que emite dinero, va en serio, a una Bolsa de acciones virtuales, desde una plataforma de crowdsourcing a una subasta online, desde un sistema de voto transparente, a tu propio país, con su propia constitución. Las propuestas y proyectos lanzados hasta ahora promueven la diversidad y la independencia. Aunque ya se corren apuestas deportivas y haya en marcha esquemas de Ponzi, llama la atención, por ejemplo, Eaterra, porque propone una soberanía de la comida planetaria, poniendo en contacto directamente a productores con consumidores en un mercado descentralizado. Grid Singularity quiere desarrollar una plataforma descentralizada de intercambio de datos energéticos para facilitar el análisis de estos datos, la gestión eficiente de la energía, certificados medioambientales, asesoría para inversores, etc. En Ujo Music tienen el propósito de rediseñar la industria musical con el blockchain, y lo mismo busca Ampliative Art para el mercado del arte. Colony es una plataforma que permite que se cree una empresa entre personas de todo el mundo. ‘Hagas lo que hagas, únete a Colony…’. Y Etheria es el primer mundo virtual descentralizado con criptopropiedades inmobiliarias. «Hasta ahora, todos los mundos virtuales han estado controlados por una sola entidad. Pero Etheria es un acuerdo entre todos los participantes de la red, y no tiene autoridad central. Va a existir mientras exista Ethereum. No puede ser alterado o censurado en contra de los deseos de los jugadores. Por supuesto, está en código abierto. Y la representación gráfica es la que los jugadores quieran que sea». Ya dijo Lawrence Lessig, conocido experto en Leyes y Ciberespacio, que la criptografía es uno de los descubrimientos tecnológicos más importantes de los últimos mil años.

 

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