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Hasta ahora, la evolución de la vida ha estado basada en dos principios básicos: la mutación aleatoria y la selección natural. Cuando el ser humano pudo intervenir y modificar el entorno, la vida seleccionada empezó a divergir de lo que la naturaleza favorecía. A partir de ahora, la mutación aleatoria va a ser superada por el diseño inteligente, al haber inventado un equipo de científicos un nuevo código para la vida.

Durante 4000 millones de años, la vida en este planeta se ha replicado utilizando las cuatro bases naturales de la cadena de ADN, que son la adenina (A), la tiamina (T), la citosina (C) y la guanina (G), las cuales, conectadas por pares, forman la famosa estructura en hélice. Las letras representan el código de los bloques constructores de aminoácidos, que son los que producen las proteínas. Curiosamente, la adenina sólo se empareja con la tiamina, y la citosina sólo se empareja con la guanina. Los científicos siempre se han preguntado por qué son sólo cuatro nucleótidos, por qué sólo dos pares, y por qué las proteinas solo pueden construirse con 20 aminoácidos. Parecía la única forma de codificar la información genética hasta que, en mayo de 2014, un equipo de biólogos moleculares, liderados por Floyd Romesberg, crearon un nuevo código genético, un sistema auto replicador que codifica formas de vida utilizando ADN modificado químicamente.

Romesberg, biólogo químico en el Instituto de Investigación Scripps, en California, empezó a trabajar en la idea de desarrollar un par de bases artificiales hacia 1999.  Sabían que no se trataba de emparejar una base artifical con una natural, porque eso significaría una mutación y no una creación. Por eso su método de emparejamiento hidrofóbico es contrario al método natural, basado en el hidrógeno y, por tanto, hidrófilo. De esa manera evitan cualquier amago de emparejamiento entre nucleótidos tradicionales e innovadores. Sin embargo, sus nuevas bases, bautizadas como X e Y, sí tienen que ser totalmente compatibles con la maquinaria enzimática que copia y traduce el ADN, lo cual fue relativamente sencillo en el tubo de ensayo, donde consiguieron que el nuevo par se copiara a sí mismo y se transfiriera al ARN. Esto ya requería que estas bases fuesen reconocidas por enzimas que siempre habían trabajado con ATGC. Pero el gran reto fue conseguir que la célula en vivo, admitiera al nuevo par. Como siempre en biotecnología, la bacteria E.coli fue reclutada para burlar a la naturaleza.

De repente, se ha producido una expansión del alfabeto genético. Ahora existen 6 nucleótidos A, T, C, G, X, Y, los cuales forman 3 pares de bases, lo que significa que las proteínas pueden ser construidas con 172 aminoácidos. Se especula que incluso se pueda llegar a desarrollar células con material genético totalmente artificial, porque un solo par artificial ya es suficiente para guardar y extraer información de la célula. Su presencia multiplica la capacidad de codificación de información por diez. «Es como  haber desarrollado información genética aumentada», dice Romesberg.

La evolución artificial diseñada directamente por los seres humanos toma el relevo a la naturaleza para extender nuevas ramas del árbol de la vida, ramas que podrían divergir rápidamente de todos los tipos biológicos conocidos hasta ahora. Por ejemplo, las nuevas formas de vida podrían ser inmnues a todos los virus y bacterias. Humanos diseñando vida y humanos, demasiado humanos, diseñando nuevos tipos de humanos, podrían dejar a la explosión cámbrica en pañales. Según Juan Enríquez, pronto habrá diferentes versiones de personas por ahí, algunas radicalmente distintas, que supondrán un reto desconocido para la ética, la moral y la política.

 

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